
"Submarino" (Thomas Vinterberg, 2010)
Submarino muestra las definitivas consecuencias emocionales de una mala educación en la vida de dos chavales que han sufrido a una madre alcohólica, sin otra referencia que el exceso de licor, las bofetadas, el caos y la falta de cariño.
Un terrible accidente, causado por la irresponsabilidad de unos niños que no tenían por qué ser responsables, provoca que sus vidas sean erráticas, demostrando ambos hermanos un especial talento para meter la pata hasta el fondo.
El hijo de uno de los protagonistas se convierte en una segunda oportunidad de esperanza, alguien a quien proteger y ofrecer una buena vida, pero a veces simplemente uno no puede hacer las cosas bien.
¿Suena deprimente? A decir verdad, Submarino es un banquete de imágenes tristes, de paisajes fríos y ambientes donde la cochambre material y humana domina sin esperanza ni intención de mejora.
De las dos "vidas" retratadas, resulta algo más interesante la del ex–presidiario Nick (Jakob Cedergren), un tipo en el fondo no demasiado malvado, pero con serios problemas para el trato con los demás seres humanos, cuyo mejor amigo es una especie de homínido invertebrado agresor de mujeres.
El personaje de Nick está lleno de ricos matices psicológicos, reflejados sin asomo de sobreactuación por parte del actor protagonista. El resto del reparto también cumple con danesa efectividad, pero sus personajes son algo más extremos –yonquis, locos...–, lo cual siempre requiere de menos sutileza interpretativa.
Submarino muestra desde dentro la vida de esa gente con la cual no nos gusta cruzarnos en la calle. Lo hace de una manera cercana, casi piadosa, aunque siempre cabe discutir si el determinismo por el cual el director nos da a entender que estos personajes están irremediablemente destinados al abismo siempre se cumple en la vida real, o si esa maldición se puede eliminar con mucho empeño, intentando no repetir las conductas de los malos padres y actuando de manera opuesta, al conocer de primera mano las nefastas consecuencias.