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jueves, 22 de septiembre de 2011

Los padres terribles

Autor Jean Cocteau Direccion: José Acosta
Figura central de las vanguardias de comienzos del siglo XX, Cocteau fue un heterodoxo no sólo en las distintas manifestaciones del arte –literatura, pintura, cine y música– que transitó de manera relevante sino también en su vida personal. A menudo signada por el escándalo, fue su obra literaria, que abarca tanto la poesía como la narrativa y el teatro, la que finalmente le valió el ingreso a la Academia Francesa en 1963.
En la década del 30, Cocteau estaba ya en un período de madurez y si bien su objetivo seguía siendo impactar, cuando no escandalizar, al espectador, procuraba hacerlo revalorizando el texto, que él mismo había dejado de lado por experimentar con técnicas excéntricas de la puesta en escena. Además de lograr superar lo que el autor consideraba tabúes estéticos y éticos, su teatro procuraba salvar la heterogeneidad del público que llenaba las salas mediante un texto que permitiese una lectura a diferentes niveles.
A partir de estos presupuestos, con Los padres terribles (1938), el autor se propone concretamente –como lo expresan los propios personajes y él mismo, en el prólogo de la obra– “ensayar un drama que sea una comedia, y cuyo centro sería un nudo de vodevil” para reflejar más acabadamente una “sociedad a la deriva” y, en particular, una familia contradictoria en la que sus miembros dibujen cambiantes figuras a la manera de un rompecabezas que admitiese soluciones alternativas. Cocteau retoma de la tragedia clásica, que tan bien conoce, conceptos medulares como la oposición orden/desorden para hacerlos estallar, mediante el trazo grueso e hiperbólico del vodevil. El humor negro que así se genera sirve para denunciar la hipocresía y el egoísmo que socavan los vínculos de una familia con una madre dominante que posterga a su marido por amar casi incestuosamente a su hijo y una hermana –la tía Léo– rechazada y enamorada desde entonces de su cuñado. La “falsa apariencia de orden” en que viven los cuatro protagonistas se resquebraja a partir del momento en que el padre descubre que comparte la amante con su propio hijo. Léo, quien se erige en portavoz de un supuesto orden, diseña y manipula, con total conciencia de director de escena, el incesante movimiento de las figuras de esa “obra maestra” –según ella misma califica esta situación de crecientes equívocos– que concluirá con un final trágico aunque sin justicia poética.
Partiendo de una versión que apenas si recorta el texto original, el director José Acosta, logra una impactante recreación apelando a una marcación de los actores que los obliga a moverse con una fuerte impronta de marionetas, con gestos excesivos o casi coreográficos, apuntando así a reforzar su carácter farsesco. Sobresaliente es el trabajo de los “padres terribles” –Martha Papadimitriou y Roberto Ríos–, y también el de Verónica Terán, como la siniestra tía que diseña la trama en la que todos quedarán apresados. Juan Cabello encarna al joven Michel con una frágil pero expresiva figura y un particular fraseo y la fresca Madelaine interpretado por Paulina Treviño . La escenografía es sumamente moderna y funcional y enfatiza la trama en los tres actos donde cambia constantemente.
La temporada estara desde el 22 de septiembre, hasta el 23 de octubre en el Teatro El Galeon del Centro Cultural del Bosque

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